domingo, 26 de agosto de 2012

Injusticia

He conocido ésta historia a través de una amiga, y la verdad me ha conmovido porque si a mi hijo le pasase algo así sentiría una enorme injusticia, absurda e inútil. Así que me gustaría compartirla con vosotros.
Es el email de una chica de San Sebastián, Maider, espero que al menos se difunda su mensaje.


Es la segunda vez que me pongo en contacto con ustedes, y ante una falta de respuesta vuelvo a hacerlo, sólo para hacerles partícipes de la humillación que he tenido que pasar en su empresa. Considero que su personal no tiene derecho a hacerle pasar a alguien el mal rato que me hicieron pasar a mi y aunque pasen todo esto por alto y mi correo acabe en la papelera, no habré sido yo quién se calle.

En junio de 2006, Fnac Donostia lanzó por Infojobs una oferta para su sección de librería. Mandé mi currículum, y me llamaron para concertar una entrevista personal. Cuando fui, estuve unos veinte minutos hablando con la que entonces era la responsable de RRHH, una mujer llamada Aloña. La entrevista fue bien, o al menos en un ambiente relajado y de cercanía, ella me explicó cual era el trabajo a desempeñar y las condiciones, y hablamos también de mi pasión por los libros y mis ganas de dedicarme profesionalmente a ellos. Al final de la entrevista, Aloña me preguntó si yo tenía algo que decirle, y le dije que sí. Le conté que sufro una discapacidad auditiva, contraída por una meningitis cuando era niña. Me manejo con dos audífonos, que me proporcionan una buena audición, añado a eso lectura labial y un esfuerzo del que estoy muy orgullosa. Evidentemente, el esfuerzo es notable ya que ella no se dio cuenta en ningún momento de mi discapacidad, hasta que yo se lo dije. Para mi sorpresa, ella borró la sonrisa que había tenido durante todo ese rato y me dijo "Bueno, pues ya está, ya te llamaremos." 

Nunca me llamaron. Eso no supone un problema, ya que todo podía haber sido una imaginación mía, una casualidad. Pero yo salí mal de aquella entrevista, como persona que padece una minusvalía he visto cientos de reacciones, y la de esa mujer fue clarisima. No tuvo ningún disimulo, no tardó en mostrarme la puerta de salida. 

Borrón y cuenta nueva.

Este verano, Fnac Donostia, de nuevo lanza una oferta para su librería, y yo ni corta ni perezosa, me inscribo. Me llaman para concertar una dinámica de grupo, a la que acudí la mañana citada. Esa misma tarde, la actual responsable de RRHH, Mª Ángeles Millán, me llama para decirme que he pasado la dinámica y para hacer otra entrevista con el responsable de librería, Aritz. Acudo a la entrevista, relleno un cuestionario sobre libros, hablo un poco con Aritz y de nuevo llega el momento en el que él me dice a ver si tengo algo que comentar. Le vuelvo a contar de mi discapacidad, y me dice que no se me nota en absoluto y continúa hablando de la labor a realizar en el puesto. Le pregunto si él considera que mi discapacidad podría suponer un problema y para mi sorpresa, él se encoje de hombros y titubea: "No... No sé... No creo, vamos, ¿no?". Una vez más, dice que ya llamarán. Y no llamaron.

Puedo pensar que es casualidad. Puedo pensar muchas cosas. ¿Qué pensarían ustedes? Lo más racional: que somos cuatro millones de parados y tienen mucho donde elegir. Y cada uno quiere para su casa de lo bueno, lo mejor. Un intento más, no pasa nada. Hasta unos días después.

Fnac Donostia vuelve a lanzar una oferta para la librería, de nuevo en Infojobs. Después de recibir cientos de currículums, no conformes con eso, piden más. Evidentemente, no me inscribí, ya que además de saber que no serviría, Mª Ángeles dijo en la dinámica que para ese puesto que iba a salir próximamente) mirarían los CV de los que estábamos en esas dinámicas. Pero me llega al correo una plantilla automática de la web de Fnac: "Maider Arbizu, ¿quiere ser añadida en nuestro proceso de selección para una oferta de vendedor de libros en Donostia? Si quiere serlo, pinche en el siguiente link..."

Pinché, claro. Inocente de mi.

Y a los dos días, recibo una llamada de Mª Ángeles. Le saludo alegremente y ella me explica que hay un puesto a media jornada, que han recibido mi CV y que me iba a explicar un poco las condiciones. Le escucho atentamente y le pregunto: "¿Y el trabajo es en turnos rotativos?".
Ella me explica que aun no está claro y a ver si tengo alguna preferencia, a lo que yo respondí: "No, es simple curiosidad, porque cuando hablé con Aritz me dijo que había mucha recepción de libros y eso supongo que es por la mañana temprano..."

Se hizo el silencio en la línea y ella replicó titubeante: "¿De qué conoces a Aritz? ¿Has trabajado con nosotros?"

Le expliqué que no, que sencillamente me habían llamado para una entrevista con él. Y entonces ella cayó en quién era yo:

-Maider... Arbizu... Por eso me sonabas. Aritz dijo que había una chica que tenia una discapacidad auditiva.
-Sí, soy yo.
-Entiendo. Esto... Verás... Perdona que te haya llamado, ha debido ser un error, teníamos tu CV, que había llegado...
-Porque respondí al correo de Fnac.
-Claro, claro, eso habrá sido... Un malentendido... Mira Maider, ya lo siento... En este momento buscamos otra cosa... Pero mira, yo te informo, a veces colaboramos con una empresa llamada GUREAK... Para discapacitados.

Esta mujer, Mª Ángeles, se metió ella sola en un bucle en el que le costó salir. Se pasó diez minutos más hablando por teléfono nerviosa, sin parar, sobre talleres protegidos, empleos a personas discapacitadas, contratos en los que "sale ganando tanto la empresa como tú misma"; decía que entre su plantilla hay muchas personas con discapacidad, cuando yo no conozco ni una... Incluso llegó a decir que yo era un buen ejemplo de mano de obra barata, ya que seguramente trabajaría bien y sería un buen fichaje para ciertas empresas. 

Hubo momentos en los que creí haber entendido mal. En los que pensé que no podía ser lo que me estaba diciendo. Pero tuve la ocurrencia de activar el manos libres del teléfono para que mi padre escuchase conmigo la conversación y me ayudase en algún momento si fuese necesario, en caso de que yo entendiese mal o no entendiese algo de lo que esa mujer decía. Pero no hizo falta.

Y mientras la escuchaba, ella seguía diciéndome a dónde podía acudir a pedir empleo, mientras que a ratos se trababa intentando decirme que yo no les era util en ese momento. Cuando por fin se calló y me despedí de ella, me deseó mucha suerte en mi búsqueda de empleo. 

En primer lugar, ¿quién creen que son ustedes para decirnos a los demás dónde debemos buscar empleo? ¿Creen que por ser discapacitada auditiva soy tonta? ¿Valgo acaso menos que otro trabajador? 

En segundo lugar, ¿cómo pueden poner al frente del departamento de RRHH a una persona así? ¿Creen acaso que nadie merece un discurso como ese? Ni yo, ni ninguna otra persona excepto su propio personal son responsables de la increible desorganización que han demostrado a la hora de hacer uso de los currículums recibidos. Yo tuve que escuchar un discurso tan ridículo como ese porque ella no se había dado cuenta de que yo ya era una descartada.

Si bien un día pensé que era casualidad, hoy sé que no. Porque yo he trabajado anteriormente en librerías y de cara al público. Siempre he sido sincera y he ido con la verdad por delante, hablando de mi sordera pero también de mi valía. Ella dejó claro que en Fnac, por mucho que digan lo contrario, no hay sitio para personas como yo. Y lo cierto es que viendo qué tipo de personas ponen al frente para dar esas noticias, a mi ya no me queda ninguna gana de volver a pisar sus instalaciones. 

El equipo de recursos humanos de Fnac ha brillado por la ausencia de humanidad, precisamente. Las personas con minusvalías no somos inutiles. Somos personas, somos humanos, y somos mucho más que mano de obra barata. Lo que me ha pasado con esta empresa ha sido algo humillante y doloroso, que no voy a pasar por alto. 

Mi voz la escuchará quien quiera escucharla, y muy probablemente entre ustedes pase desapercibida. En una empresa de su tamaño, una queja como la mía no tiene ninguna resonancia y soy muy consciente de ello. Pero esto que me ha ocurrido no se va a quedar entre las cuatro paredes de mi casa, porque tanto las personas como yo, como sus allegados, como todo aquel que sepa que no soy ni somos monos de feria, estará interesado en saber qué pasó.

Yo no voy a volver a inscribirme en una de sus ofertas, por descontado. Pero sería una buena idea que especifiquen que no quieren minusvalidos en su plantilla, para evitar otros disgustos.


 
Maider

2 comentarios:

·M· dijo...

Aquí la autora de la carta... Supongo que eres amiga de Roci ¿verdad? Como circula esto, que a mi me ha pasado tu link su hermano...

¿Qué te voy a decir? Gracias por escuchar y compartir... :)

José Luis Jasimoto S. dijo...

es en verdad muy injusto, me apena que hayas tenido que pasar por esa experiencia.